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El hombre acercó la cara a la de Víctor y lo besó en la boca. Yo no me lo podía creer. Mi amigo, lejos de hacerle ascos, abría la boca y sacaba la lengua para meterla en la del otro. El hombre, mientras tanto, le estaba desabrochando el cinturón a Víctor, le abrió la bragueta y le sacó el nabo.

Se agachó y se metió el carajo de mi amigo, que ya estaba en semierección, en la boca. A duras penas se mantenía de pie, chupado en su agujero anal por el chaval de veintipocos años, mamado en su enorme polla por un experto hombre que no llegaba a los treinta.

Pero todavía me quedaba por ver: Así que esto era… Pero, la verdad sea dicha, aquella escena me había puesto calentísimo. Otros dos hombres se acercaron a Víctor, y vi como éste alargaba las manos.

Con ellas les atrapó sus vergas y empezó a hacerles una paja a cada uno. Víctor era follado por boca y culo, se la mamaba otro tío y él, a su vez, pajeaba a otros dos. El que lo follaba por la boca jadeó en voz alta y se salió de la boca de mi amigo, quien mantuvo fuera la lengua, como una perra en celo.

Pude ver la mirada perdida de Víctor mientras el tío se le corría en la boca, y alcancé entonces a entender hasta qué punto le gustaba aquello. Y, debo reconocerlo, cómo me excitaba a mí, y cómo me imaginaba que esa boca era la mía, y que aquella leche se derramaba por mi interior.

Di un respingo, porque no me esperaba aquello, y me volví: Pero el chico me ahorró palabras. Acercó sus labios a los míos, que se abrieron esperando algo ignorado pero apetecible.

Me metió la lengua en la boca, y saboreé algo delicioso. Noté como mi polla se removía. Cuando terminó aquel inacabable beso, me di cuenta de que el joven tenía abierta la bragueta y me mostraba un nabo bastante apañado y grueso.

Cuando vio lo que yo tenía entre las piernas, se le abrió la boca y noté que se le caía un poco de baba. Se agachó ante mí y, sin pedirme permiso, me cogió el nabo, lo sopesó entre sus manos, y se lo metió directamente en la boca. Yo miré su nabo enhiesto, cubierto de líquidos preseminales, dando pequeños saltitos, y no me lo pensé dos veces: Sabía estupendamente, era como tener un gran trozo de carne caliente y viva dentro de la boca, palpitante; los zumos preseminales le daban un sabor gratísimo, a macho, a oscuridad y a morbo, y le chupé la cabeza con auténtico placer.

Como dicen que el movimiento se demuestra andando, me metí el capullo dentro de la boca, y fui avanzando. Me faltaban por meterme unos 7 u 8 centímetros del nabo cuando la punta del glande me rozó en la campanilla; me dio una pequeña arcada, pero decidí que aquello no iba a ser impedimento: Tenía aquel gran nabo dentro de mi boca, y me sentía lleno, completo; pero el chico comenzó a subir el tono de sus jadeos, y supe enseguida, casi por intuición, lo que venía ahora; había visto la cara de placer de Víctor, y quise saber qué se sentía; me saqué el nabo hasta colocar su glande sobre mi lengua; el primer churretazo se coló directamente hasta la garganta, así que no lo pude catar.

Cerré la boca para recibirlo sin dudas en mi lengua, y el segundo trallazo me hizo comprender porqué mi amigo tenía la vista perdida al corrérsele en la boca: Me incorporé y le di un beso de lengua al chico, compartiendo así con él su propia leche, que se mezcló con los restos de la mía en su boca.

Sonrió otra vez y se fue. Yo miré entonces hacia donde había estado mi amigo con los otros, pero ya no había nadie. Así que, como vi hacer a Víctor, salí al claro del parque, me metí un dedo en la boca y con la otra mano me masajeé descaradamente el paquete.

Pronto surgió de entre las sombras un hombre como de 30 años, que me sobó el bulto; me guiñó un ojo y se agachó delante mía. Me abrió la bragueta y se zampó mi nabo.

Estaba todavía en reposo, pero los lengüetazos de aquel hombre, guapo y varonil nadie se lo imaginaría nunca chupando un nabo como una puta en celo, como la maricona salida que era , me pusieron pronto a cien. Me corrí no tardando mucho, y el hombre disfrutó del sabor de mi leche en su boca. Yo escuché aquello y, aunque la cantidad me pareció estupenda, tengo que reconocer que lo hubiera hecho incluso gratis: Notaba como el esfínter se abría con cada chupada, y entendí lo que pretendía el hombre.

Al poco dejó de chuparme el culo, y al momento sentí algo caliente y grande en el umbral de mi agujero. Sentí miedo, pero también un gran ansia. El tío me la metió de una sola embolada, sin miramientos, y el dolor fue intensísimo. Con cada embolada de uno, me arrojaba hacia la polla del otro, de tal forma que iba de polla a polla. Cuando termine de rechupetearla, dejé libre aquel nabo; los dos me pagaron y se fueron, no sin antes darme un beso de lengua.

Salí del parque y me encontré allí a mi amigo Víctor. Desde aquel día, todas las noches vamos al parque del Retiro. Ahora gano mucho dinero, entre 30 y 40 mil ptas.

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